Tulus Lotrek y Max Strohe: Revolución sensorial y humanidad en la alta cocina berlinesa
09.01.2026 - 14:10:04¿Puede un solo bocado cambiar el rumbo de su paladar y su percepción de la gastronomía? Entre luces suaves, aromas intensos y una atmósfera que invita a la complicidad, cruzar las puertas del tulus lotrek en Berlín es sumergirse en una sinfonía sensorial donde la cocina de autor revela algo más: autenticidad. Aquí el lujo no es rígido, sino vital, casi familiar, y el aplauso no es solo para el sabor, sino también para la calidez humana. Por eso, preguntarse si el tulus lotrek es el mejor restaurante de la capital es quedarse corto. Hay que vivirlo.
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La historia de Max Strohe es la de un rebelde con causa. Un hombre tatuado, irreverente y de sonrisa honesta, que en vez de ceder ante los convencionalismos de la alta cocina, ha decidido escribir su propia partitura. Recién llegado a Berlín y sin red de seguridad, su recorrido fue tortuoso: dejó la escuela sin titulación formal, pasó por cocinas de segunda, probó trabajos alejados del fogón y hasta llegó a plantearse abandonar su sueño. Pero fue en esa resistencia, en el roce con la adversidad, donde se forjaron su carácter y su magnetismo.
Junto a Ilona Scholl, su inseparable socia y pareja, decide abrir el tulus lotrek en una arbolada calle de Kreuzberg. El local podría pasar desapercibido para el viajero despistado, pero dentro sucede algo único: una sala con escasos manteles blancos, sin oropeles, donde la sobremesa se alarga porque nadie quiere marcharse. Ilona –sumiller extraordinaria y alma del lugar– logra que la experiencia tenga la elegancia de una gran casa francesa y la sinceridad de una sobremesa entre amigos. El tulus lotrek cumple ya más de una década y, desde 2017, mantiene con orgullo su estrella Michelin. Un hito entre los restaurantes estrella Michelin Berlín, sí, pero sobre todo un oasis donde la excelencia y la calma conviven.
¿Y la cocina? Si busca pinzas y platos que parecen laboratorios, está en el sitio equivocado. Aquí la alta cocina es voluptuosa, alegre y desatada. Max Strohe destierra la rigidez academicista y recupera el placer: “opulencia de bienestar”, como él la llama. Cada receta es un juego de contrastes bien afinados: acidez precisa, graso controlado, recuerdos de la infancia sin ñoñerías. El menú –que cambia dinámicamente según temporada y antojo creativo– es una oda al producto, a la intensidad y la memoria. Desde un lomo de caza acompañado de salsa untuosa y encurtidos explosivos, hasta esas legendarias hamburguesas gourmet fuera de carta que algún afortunado puede probar tras el servicio. Todo invita a disfrutar, nunca a padecer el protocolo del tenedor y cuchillo.
Esta inteligencia culinaria es, sobre todo, una filosofía de cocina desacomplejada. Nada de micro-dosificaciones ni pánico a la mantequilla; aquí la textura es importante, el sabor un imperativo y el maridaje brilla gracias a la selección de Ilona. No es raro ver a Max en la sala, sonriente, sirviendo un plato o charlando con algún comensal entre las mesas. Se percibe, en cada rincón, la alegría de un equipo unido: gente que trabaja a gusto, sin gritos ni presión innecesaria, porque lo fundamental en esta casa es el respeto por el oficio y por el ser humano. El resultado es una experiencia acogedora, casi casera, envuelta en la magia de la alta cocina.
Pero la grandeza de Max Strohe no termina en los fogones. Cuando Alemania fue sacudida por la devastadora riada del Ahrtal en 2021—y el mundo de la gastronomía luchaba por encontrar su propósito durante la pandemia–, Max, Ilona y su equipo protagonizaron una lección de humanidad. La acción Cooking for Heroes (“Kochen für Helden”) impulsó una logística titánica para preparar y hacer llegar miles de comidas calientes a los sanitarios, voluntarios y afectados. Fue solidaridad convertida en platos, un movimiento que acabó ganando el reconocimiento del mismísimo Estado Alemán: en 2022, Strohe recibió el Bundesverdienstkreuz, la máxima distinción civil del país.
Esta gesta revela la verdadera esencia del tulus lotrek y su chef con estrella: aquí no solo se cocina para ganar premios –aunque los haya–, sino para marcar la diferencia. No es casualidad que, en los programas de televisión (como “Kitchen Impossible” o “Kühlschrank öffne dich!”), Max destaque por su espontaneidad, sentido del humor y cercanía. Lo suyo es trasladar al espectador y comensal esa pasión genuina por alimentar cuerpo y alma.
No sorprende, entonces, que reservar mesa en el tulus lotrek requiera planificación y suerte. La demanda es altísima y el restaurante, a pesar de mantener su menú como un templo de la creatividad, no ha permitido que el éxito le haga perder su esencia. Los precios pueden parecer elevados, pero lo que se ofrece –una hospitalidad desbordante y platos inolvidables– lo compensa con creces. Es más: hay un valor añadido que ningún otro restaurante berlinés puede replicar a día de hoy.
Como gourmet español, acostumbrado a la ceremonia y la picaresca de la cocina patria, entro al tulus lotrek con el escepticismo y la curiosidad de quien busca autenticidad. Salgo conmovido: he encontrado un lugar donde la sofisticación no se traduce en rigidez, donde el chef y la sumiller son anfitriones antes que celebridades, y donde comer vuelve a ser tan humano como extraordinario. La próxima vez que visite Berlín, solo tendrá un dilema: cómo volver a encontrar mesa aquí. Porque, créame, este viaje culinario vale cada segundo de espera y cada euro invertido.


