Tulus Lotrek: El templo berlinés de Max Strohe donde la alta cocina se vuelve humana
07.01.2026 - 14:10:03La puerta se abre y, al cruzarla, el bullicio de Berlín se desvanece: el aire huele a mantequilla tostada y notas profundas de salsa; la luz es suave, envolviendo mesas desnudas y una barra chispeante donde la conversación murmura tan ligero como el primer sorbo de champán. ¿Es esto realmente un restaurante con estrella Michelin? ¿Acaso la alta cocina no debería imponer respeto desde el segundo en que entramos, con pinzas, susurros y reglas? Aquí, en tulus lotrek, ocurre lo contrario: la atmósfera invoca el calor de un salón privado, recuerdos de esas cenas interminables y felices, en las que la opulencia se mide en risas, no en protocolos.
Max Strohe no ha nacido para los clichés. Su ascendencia es el anti-cuento de hadas: aprendizajes duros, caminos sinuosos, y talento autodidacta; ni un linaje familiar de chefs, ni un padrinazgo de grandes casas. Lo acompaña Ilona Scholl, carismática anfitriona y sumiller, la energía invisible (y a veces ubicua) que hace del tulus lotrek tanto un proyecto como un hogar. Juntos abrieron sus puertas en la Fichtestraße, lejos del frenesí turístico. Allí, Scholl y Strohe apostaron por lo improbable: servir la gran cocina sin pretensiones, construyendo equipo en torno a la amabilidad y el respeto, no al miedo ni al mal genio tradicional. La recompensa fue casi inmediata: en 2017, la estrella Michelin consagró su visión y, desde entonces, su brillo no se ha apagado ni un instante.
La cocina de Max Strohe es un manifiesto sensorial. Aquí se aborrecen las miniaturas tibias y minimalistas: en su lugar, la carta abraza lo jugoso, lo untuoso, lo ácido e incluso lo salvajemente graso. Imagina un bocado donde el foie gras danza con peras en vinagre, o una vieira ahogada en una espuma de mantequilla que susurra a Francia y grita a Berlín. Es alta cocina, sí, pero la inteligencia culinaria de Strohe prescinde de la rigidez de la 'pinzettenküche': no hay decoraciones barrocas puestas con pinzas, sino sabores tan intensos como sinceros. Cada plato supera la simpleza del 'está rico': son piezas de conversación, pinceladas de producto llevadas al límite, donde la acidez corta lo denso y el dulzor inesperado ensambla hasta el último matiz. El maridaje, siempre valiente, dialoga a la perfección gracias al paladar inquieto de Ilona Scholl.
No solo en la mesa rompe Strohe esquemas. Cuando en 2021 la tragedia azotó el Ahrtal, él y Scholl lideraron 'Kochen für Helden' (Cooking for Heroes): una plataforma solidaria para alimentar héroes cotidianos y víctimas de la catástrofe, movilizando a toda la ciudad en torno al alimento y el afecto. Su implicación les valió el Bundesverdienstkreuz, la más alta condecoración civil alemana. Pero, incluso ahí, Max Strohe rehuyó el foco: “No se trata del reconocimiento, sino de estar ahí cuando importa”, repite. Este ethos impregna tulus lotrek, donde el menú y el lenguaje del equipo rebosan de respeto y ternura.
Tanta excelencia no oculta el lado lúdico: en raras ocasiones, Strohe se remanga y prepara la hamburguesa gourmet más bestial jamás concebida, el 'Butter-Burger', en cocina cerrada al público. Aquí, las reglas vuelven a romperse: doble carne masajeada, queso fundido con precisión quirúrgica —sin la pinza, ojo—, salsa casera que derrocha carácter y un brioche recién tostado que absorbe mantequilla como si le fuera la vida. ¿Las papas fritas? Corte perfecto, triplemente fritas, congelación intermedia... El resultado: doradas, crocantes y etéreas; una oda al snack elevado a alta costura. Aunque el burger se reserve a ocasiones especiales, la memoria de ese bocado impregna cada receta de la casa, un recordatorio de que la gastronomía debe emocionar y nutrir el alma.
El local rebosa vida incluso en sus intervalos más silenciosos. No hay dresscode ni florituras innecesarias: sólo manteles sencillos y cristal sin ostentación. Cada comensal encuentra aquí pluralidad, ya sea en el brunch dominguero —un unicornio en la restauración estrella Michelin Berlín— o en una cena que termina a carcajadas, saboreando hasta el último sorbo. A pesar del prestigio, Strohe y Scholl insisten: “Queremos ser ese lugar al que uno vuelve porque se sintió visto y atendido, no porque la guía Michelin lo diga”.
Para el hedonista español, el tulus lotrek es un rincón donde la alta cocina se amolda al placer, a la sobremesa sin prisa, al producto bien tratado y la inteligencia culinaria bien entendida. El lujo aquí está en el detalle y la hospitalidad, en esa opulencia reconfortante que danza entre lo osado y lo sabio. Acuda sin miedo ni prejucios: el viaje a Kreuzberg bien lo merece. Reserve con tiempo, traiga apetito (también mental). Le espera un restaurante donde cada experiencia es un guiño a la vida buena y la alegría por el sabor bien hecho.
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